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jueves, 25 de abril de 2013

"Libertad y trabajar"


   Esas mismas palabras componían una de las cuartetas más famosas del Carnaval de Cádiz. Nos remontamos al año 1977 con la comparsa “Nuestra Andalucía”, de Pedro Romero.

   El cadáver del militar del bigote fresco aún. Período convulso. Arcadas de dolor y fatiga. Andalucía no era una excepción. Siglos de avasallamiento. Ni los unos ni los otros. Ni Abderramán III ni Isabel I, ni Cánovas ni Sagasta, ni las Repúblicas ni el Fascismo. Nada. Ningún cambio. Las migas, la comida de ayer, el agua del pozo, la luz de las velas, el pan duro y las sobras del señorito. El trabajo duro en el campo y la mar. Las manos manchadas de sudor y no de sangre.

   Hace treinta años el pueblo andaluz pedía libertad y trabajo. Y treinta años han tenido para conseguirlo. Confiaron en el de la chaqueta de pana, y les defraudó dándole la mano a los de Madrid. Confiaron en el otro del bigote (Dios me libre de confundirlo con el primero) y les defraudó llenando sus campos con el ladrillo y los caballos de unos pocos. Confiaron en el de la ceja y les defraudó con una cifra de seis ceros. Ya no confían en nadie más. Ni en el que está, ni en el que vendrá.

   La esperanza se fue hacia otro país (“movilidad exterior”, como dice la ministra) o a otro mundo (una soga y un cuarto piso). El pan duro y las sobras de los señoritos han sido sustituidos por los comedores sociales y la vecina solidaria.

   El trabajo nunca vino. Y la libertad, que sí vino, ahora está acojonada y en un rincón. Está llorando por los ataques a los estudiantes, por el grito de las amas de casa, por la cara de los maridos despedidos, por la risa hipócrita del encorbatado y por el niño que no puede ir a Isla Mágica.

   Los andaluces, que han estado siglos silenciados, ahora pueden gritar “por su derecho de vida y la justicia social”. Aunque su libertad esté asustada, aún pueden alzar el puño (el derecho o el izquierdo, da igual, pero que lo alcen). Cuando Pedro Romero comenzó a escribir el lápiz rojo de la censura pesaba sobre sus ideas y, sobre su espalda, una porra de madera. Aún así escribió y, lo que es más importante, el pueblo entendió.

      Precisamente es este el momento que necesita el pueblo andaluz para hacerse oír. Para reclamar aquello por lo que siempre han luchado: ¡el trabajo! 

   Ya no hay porras de madera ni lápices rojos. El Carnaval tiene la oportunidad, en estos tiempos desgraciados, de volver a ser la voz de pueblo y es que La Caleta ya tiene bastantes piropos y La Viña pota con la glucosa que nuestros poetas desprenden por ella.  

Lo que sus gentes
y nuestra región necesita,
buscar su bienestar
y tener su autonomía.
Somos conscientes
y bien lo sabemos su gente,
es una tarea dura
que se escuche nuestra voz.
Pero estando todos muy unidos
no cabe duda, lo lograremos,
no pedimos ningún lujo,
solo trabajo, un mejor trato
y en paz.
Trabajar, trabajar,
queremos trabajar,
basta ya de tantas mentiras,
no se puede engañar
al pueblo sin piedad,
que los andaluces
no aguantamos más.
Y gritar y gritar
tenemos que gritar
por nuestro derecho de vida,
la justicia social
tenemos que lograr
bajo la bandera de la libertad.
Libertad, libertad,
sin ira libertad
guárdate tu miedo y tu ira
porque hay libertad,
sin ira libertad,
y si no la hay sin duda la habrá.
Libertad, libertad,
sin ira libertad
guárdate tu miedo y tu ira
porque hay libertad,
sin ira libertad,
y si no la hay sin duda la habrá.
Libertad, libertad,
sin ira libertad
guárdate tu miedo y tu ira
porque hay libertad,
sin ira libertad,
y si no la hay sin duda la habrá” Pedro Romero. 1977.


 



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